Cultivos de bayas

Los cultivos de bayas como la frambuesa (Rubus idaeus), el arándano (Vaccinium spp.) y la fresa (Fragaria × ananassa) son muy valiosos tanto desde el punto de vista nutricional como económico. Estas especies requieren ambientes frescos y suelos bien aireados con un buen contenido de materia orgánica y, en general, un pH ligeramente ácido.

Son sensibles al estrés hídrico y térmico, lo que puede comprometer la floración, el cuajado del fruto y la calidad de la fruta.

En agronomía, el uso de bioestimulantes es particularmente eficaz para favorecer el desarrollo de las raíces, mejorar la eficiencia de los nutrientes y aumentar la tolerancia al estrés abiótico, lo que ayuda a garantizar una producción constante y una alta calidad organoléptica del fruto.

La fresa (Fragaria × ananassa) es una planta herbácea perenne perteneciente a la familia Rosaceae, caracterizada por un sistema radicular poco profundo y muy ramificado, sensible tanto a la sequía como al encharcamiento.

Los frutos —común aunque erróneamente llamados bayas— son, en realidad, pseudofrutos que se originan por el agrandamiento del receptáculo floral y presentan una considerable variación en cuanto a forma, color y contenido de azúcar en función de la variedad y de las condiciones de cultivo.

Las fresas prefieren climas templados y suelos ligeros y bien drenados, ricos en materia orgánica y con pH ligeramente ácido (5,5–6,5).