Legumbres
Las legumbres se cultivan tanto para el consumo humano como para el ganado. Los rendimientos suelen oscilar entre 1,5 y 4 toneladas por hectárea, dependiendo de la especie, las prácticas agronómicas y las condiciones climatológicas.
Las leguminosas requieren suelos fértiles y bien drenados, una gestión equilibrada del agua y un aporte adecuado de nutrientes, en particular nitrógeno y fósforo, para favorecer la germinación, el crecimiento y la floración. Entre los principales desafíos se incluyen las plagas de insectos, las enfermedades fúngicas, el estrés hídrico y la variabilidad climática. La calidad de la semilla, determinada por su composición de proteínas, carbohidratos, lípidos y minerales, es fundamental para definir el valor comercial de la cosecha.
Las leguminosas (soja, garbanzo, judía, lenteja, guisante) se incluyen a menudo en la rotación de cultivos con cereales porque fijan el nitrógeno atmosférico en el suelo gracias a una simbiosis natural con rizobios. Esto enriquece el suelo con nitrógeno para los cultivos posteriores, mejora la estructura del suelo y aumenta el contenido total de materia orgánica.