En los huertos frutales nuevos, la atención debe centrarse en el establecimiento y el crecimiento equilibrado de las plantas jóvenes.
Un enraizamiento eficiente, favorecido por una buena interacción con el suelo y una gestión cuidadosa en las primeras etapas, garantiza la estabilidad y la nutrición.
Un desarrollo vegetativo inicial uniforme es esencial para formar unas copas de árboles vigorosas y bien estructuradas, un pilar indispensable para la productividad futura.