La clementina (Citrus clementina) es un híbrido natural entre la naranja y la mandarina, caracterizado por árboles de tamaño mediano con una copa redondeada. Las flores son hermafroditas y autoincompatibles, lo que significa que el cultivo se beneficia de la polinización cruzada. Los frutos, a menudo sin semillas o con muy pocas, tienen una piel fina y una pulpa jugosa.
Desde el punto de vista agronómico, la clementina requiere climas suaves y resguardados, con temperaturas moderadas y un bajo riesgo de heladas tardías. Los suelos ideales son profundos, fértiles y bien drenados, con buena capacidad de retención de humedad pero sin encharcarse. Una gestión eficaz de los cultivos incluye el riego regular, la fertilización equilibrada y las prácticas de poda destinadas a mantener el vigor del árbol y la estructura de la copa, factores clave para garantizar la calidad y la uniformidad de la fruta.