La mandarina (Citrus reticulata) tiene un hábito de crecimiento más compacto en comparación con otras especies de cítricos y muestra una buena adaptabilidad a los climas mediterráneos.
Las hojas son elípticas, y las flores son hermafroditas y autofértiles.
Los frutos son pequeños, fáciles de pelar y tienen una corteza fina y aromática.
La mandarina requiere exposición al sol, suelos fértiles y una gestión equilibrada del riego para mantener una productividad constante.