Tubérculos

Entre los tubérculos se incluyen cultivos como zanahoria, rábano, nabo, remolacha, chirivía, rábano picante y jengibre. Estas plantas se caracterizan por tener raíces carnosas y bien desarrolladas, ricas en carbohidratos, vitaminas y minerales, mientras que las partes aéreas suelen ser herbáceas y relativamente pequeñas.

Para lograr una producción de alta calidad, estos cultivos requieren suelos sueltos, profundos y bien drenados, ricos en materia orgánica, que permitan que las raíces se desarrollen libremente. Un riego equilibrado y una nutrición específica son igualmente importantes para favorecer el crecimiento y la uniformidad de la cosecha.

El hinojo (Foeniculum vulgare var. dulce), perteneciente a la familia Apiaceae, se cultiva por su bulbo carnoso, aromático y comestible. Su sistema de raíz axonomorfa, con extensas raíces laterales, absorbe eficientemente los nutrientes y el agua, si bien la planta es sensible al encharcamiento y a los suelos compactados, que pueden deformar el bulbo. El tallo, erguido y tupido, presenta hojas filiformes y plumosas. Una gestión cuidadosa de la densidad de plantación (o siembra) y del riego es esencial para promover un crecimiento uniforme de los bulbos.

Nutrientes como el nitrógeno, el potasio y el calcio favorecen el crecimiento, el peso y la calidad, mientras que el azufre y los micronutrientes contribuyen al aroma y al sabor. Una correcta gestión nutricional garantiza bulbos firmes y sabrosos, sin grietas.
La zanahoria (Daucus carota subsp. sativus), perteneciente a la familia Apiaceae, se cultiva por su raíz alargada y carnosa, rica en carotenoides y azúcares. Prospera en climas templados y suelos profundos, sueltos y bien drenados; la compactación o la formación de costras en la superficie dificultan su crecimiento y provocan deformaciones.

Su sistema de raíz axonomorfa se desarrolla más profundamente, mientras que la parte aérea es densa y frondosa. Nutrientes como el potasio, el calcio y el magnesio son esenciales para garantizar la firmeza y el dulzor, mientras que el boro es crucial para prevenir las cavidades internas y las deformidades radiculares.

El nitrógeno debe suministrarse en cantidades equilibradas para evitar la bifurcación de las raíces y la pérdida de calidad. Entre las principales enfermedades se encuentran el tizón foliar por Alternaria, la Cercospora, la esclerotinia, la pudrición radicular y los nematodos, que requieren medidas preventivas.