Frutos hortícolas
Entre los frutos hortícolas se incluyen especies herbáceas cultivadas para la producción de frutos, como el tomate, el pimiento, la berenjena, el chile, el calabacín, el pepino, el melón y la sandía. Estos cultivos requieren suelos fértiles y bien drenados, buena exposición a la luz, riego regular y una nutrición equilibrada para desarrollarse plenamente y garantizar unos frutos de alta calidad.
Para expresar todo su potencial productivo, los frutos hortícolas requieren unas prácticas agronómicas específicas. El cultivo en invernadero o en túnel permite a los agricultores anticiparse a la temporada, prolongar los ciclos de producción y mejorar la continuidad de la cosecha, mientras que en zonas más cálidas y soleadas es posible obtener cosechas tempranas y altos volúmenes de producción durante la mayor parte del año.
El pepino (Cucumis sativus), perteneciente a la familia de las cucurbitáceas, se cultiva por sus frutos crujientes y ricos en agua, que se consumen frescos o procesados. Su sistema radicular es superficial y fibroso, con extensas raíces laterales, por lo que requiere un suelo suelto, fértil y bien drenado. El encharcamiento o la compactación del suelo comprometen el crecimiento y el desarrollo de los frutos. Los tallos son trepadores, herbáceos y carnosos, con hojas grandes; los brotes laterales requieren una gestión cuidadosa con un soporte adecuado, especialmente en sistemas de cultivo vertical, para optimizar la luz, la aireación y el cuajado del fruto.
El potasio y el calcio contribuyen a la firmeza y la calidad, mientras que el nitrógeno y los microelementos como el boro y el magnesio favorecen la floración y el cuajado del fruto.
El potasio y el calcio contribuyen a la firmeza y la calidad, mientras que el nitrógeno y los microelementos como el boro y el magnesio favorecen la floración y el cuajado del fruto.